Brasil se sigue hundiendo

Dilma Rousseff denuncia, 'urbi et orbi', que es víctima de un golpe de Estado. Su N°2, Michel Temer, lo niega pero se apresura a completar su futuro gabinete de ministros. Y Brasil sigue padeciendo una recesión que lleva 2 años. Para la Argentina, un problemón porque es el gran socio en el Mercosur. Y en el final sigue siendo imprevisible.

El presidente en ejercicio de Brasil, Michel Temer, es acusado una y otra vez por su la presidente de viaje, Dilma Rousseff (fue a Nueva York para una actividad en Naciones Unidas), de liderar un golpe de Estado, de ser golpista y traidor, y de aceptar romper la institucionalidad por conveniencia personal.

"Ella dijo que soy el jefe del golpe, lo que es obviamente perturbador para mi y para la vicepresidencia de la República", dijo Temer en una entrevista que le concedió a la agencia Dow Jones. Temer es quien reemplazaría a Rousseff inicialmente por 180 días si ella es suspendida en sus funciones para el proceso de juicio político, y por el resto del mandato si ella es encontrada culpable.

Luego de negar que él sea un 'golpista', Temer agregó que está listo para asumir el gobierno en caso de que la mandataria sea destituida, aunque insistió en que no se trata de un golpe en marcha sino de un proceso de impeachment previsto en la Constitución.

Temer acusó implícitamente a Dilma de dañar la imagen de Brasil al denunciar un golpe de Estado en marcha, y con Temer como coprotagonista.

Por algún motivo, luego de las conferencias de prensa, cuando le tocó hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Dilma no utilizó la frase "golpe de Estado" sino habló de autoritarismo.

En tanto, Brasil sigue empequeñeciéndose: la actividad económica registró en febrero su 14to. mes seguido de declive, según datos publicados por el Banco Central. El índice que mide la actividad económica IBC-Br del Banco Central, cayó 0,29% en febrero respecto a enero, según una base ajustada por estacionalidad, informó la autoridad monetaria dirigida por Alexandre Tombini.

Según el sondeo Focus, que realiza semanalmente el Banco Central entre analistas, el PIB de Brasil se contraería -3,8% en 2016, marcando su 2do. año consecutivo de crecimiento negativo. En la comparación anual, la actividad se hundió -4,5% en febrero respecto al mismo mes de 2015, pese al día extra que tuvo febrero bisiesto.

La agonía

Por sus esposas, por sus hijos, por Dios, por la paz en Jerusalén, por una infinidad de motivos votaron los diputados brasileros en favor del sí al impeachment (juicio político) de la presidente Dilma Rousseff, el domingo 17/04. Mucha frivolidad en una ceremonia tan importante.

Pocos recordaron mencionar el cargo contra ella: que habría maquillado cuentas para esconder el déficit fiscal. Eso no es corrupción sino una irregularidad administrativa, en todo caso. ¿Tiene sentido despedir a un Presidente por una irregularidad administrativa? Es una forma de lograr maquillar las cuentas tal como lo hacen muchos presidentes de muchos países.

Es evidente que en Brasil se dirime el poder más allá de Dilma, y que hay una decisión de numerosos políticos, empresarios y otros actores sociales de concluir en forma anticipada el mandato de Rousseff
. De eso se trata, y la torpeza política considerable de la Presidente, estimulada por la corrupción de muchos funcionarios que
ella
heredó de Luiz Inácio Lula da Silva, sumado a la megacausa de corrupción Lava Jato, debilitaron mucho a Dilma, y se estableció una sinergia peligrosa con la economía que flaquea, algo que sí es en parte responsabilidad de la Administración Rousseff.

El domingo 17/04, afuera del Congreso, mientras 53.000 personas celebraban el resultado de la votación, otras 26.000 gritaban “golpe”, separadas ambas multitudes por unas vallas de hierro, según explicó el semanario británico The Economist.

Los medios y los principales analistas políticos del mundo miran lo que está sucediendo en Brasil con perplejidad, tratando de interpretar qué significa en el contexto global, cómo recordará la historia al impeachment y cómo podría desarrollarse de aquí en más el escenario político brasilero.

De país-promesa ha pasado a nación-escarnio.

El portal español Esglobal, del centro de estudios Fride, plantea que la verdadera raíz del impeachment a Dilma podría no ser el maquillaje de cuentas fiscales del que se la acusa, sino la lucha por el petróleo.

Lo cierto es que ahora, el Senado tendrá 10 sesiones para deliberar si da curso al pedido de juicio político o no. Si 41 de 81 senadores optan por el sí, Dilma estará suspendida de sus funciones por 180 días. Eso se sabrá a mediados de mayo. Pero el Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, apuesta a llamar a elecciones adelantadas, algo que no está contemplado en la Constitución brasilera.

De todos modos, al PT no le queda mucha opción: casi todos sus aliados han abandonado la coalición; en Brasil, 9 de 32 ministerios están sin ministro, según informó desde su cuenta de Twitter el profesor de la Universidad Paulista y analista del Mercosur, Gustavo Segré.

En Brasil se estuvo discutiendo hasta la posibilidad de virar de un sistema presidencialista en uno parlamentario. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) del vicepresidente Michel Temer; y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, apoya el proyecto, que está ya en el Senado, pero el PT lo rechaza.

De todos modos, no puede ser tratado hasta que el proceso de impeachment sea finalizado. Si, tras el juicio, dos tercios de los senadores votan en favor de remover a Rousseff de su cargo, Temer gobernaría hasta 2018.

Con Dilma o sin Dilma, un problema de legitimidad

El escenario más probable hoy es que el Senado de curso al inicio del impeachment y pase a gobernar Michel Temer, a quien Dilma se fue a denunciar ante las Naciones Unidas en Nueva York como artífice de un golpe en su contra, mientras este calienta el sillón presidencial que espera ocupar a la brevedad.

A menos que el PT lograra negociar las elecciones adelantadas y así impidiera que asuma Temer. Por otro lado, está también la posibilidad de que el Tribunal Electoral Supremo descalifique la fórmula electoral entera, basándose en acusaciones de corrupción electoral. Esto significaría que tanto Temer como Dilma deberían dejar sus cargos y se debería llamar a elecciones en 90 días.

Aún si el largo juicio de impeachment baja a Rousseff de su cargo antes de fin de año, Temer todavía deberá luchar contra ese caso. Por otro lado, advierte Kevin Zamora, ex secretario de asuntos políticos de la Organización de Estados Americanos y miembro del centro de estudios sobre gobernanza democrática, The Inter-American Dialogue, basado en Washington, Lula y el PT pueden hacer que Brasil sea un país ingobernable si quieren, para el Gobierno transitorio o cualquiera que venga.

Pueden salir a la calle y bloquear todo en el Congreso. El que piense que el PT está muerto, está loco, le dijo el analista a la BBC Brasil. “Tengo la impresión de que con Dilma o sin Dilma, hay un problema serio de legitimidad.
El Gobierno de ella es extremadamente débil, desde el punto de vista de la legitimidad popular, pero también lo será cualquier Gobierno que lo sustituya. Y, como consecuencia, ningún Gobierno va a tener el peso político para tomar las medidas económicas necesarias hasta que venga una nueva elección”, afirmó Zamora.

Temer tiene mucho que temer

The Economist apunta en la misma dirección al hacer el siguiente análisis: la economía brasilera está en caída en picada. La productividad económica cayó un 3,8% en 2015 y podría contraerse lo mismo este año, según el Fondo Monetario Internacional.

Alrededor de 10 millones de brasileros, o 1 en 10 trabajadores, está desempleado. “Para restaurar la confianza, Temer debería primero intentar reducir el déficit presupuestario, que se ha inflado de 2,4% del PBI a 10,8% desde que Rousseff asumió en 2011. Eso requeriría una combinación de medidas impopulares como recortes en el gasto y aumento de impuestos, algunas de los cuales necesitan cambios constitucionales para ser adoptadas”, explica The Economist.

Más allá de que en un principio los inversores festejarán la salida de Dilma, deberían ser medidos en sus festejos.

“En noviembre, Temer delineó una línea de reformas pro-mercado, en oposición al programa izquierda del Partido de los Trabajadores de Rousseff. Pero la euforia tendrá vida corta si no presenta rápido una agenda clara de reformas y un equipo económico fuerte. A pesar de sus instintos pro-reforma, ninguno está asegurado. Que el 72% de la Cámara de Diputados haya apoyado el impeachment no quiere decir que le será fácil a Temer obtener mayorías simples en favor de las reformas en el Congreso, ni hablar de los tres quintos necesarios para enmendar la Constitución. Ni siquiera tiene asegurado el apoyo total de su propio centrista PMDB: 7 de sus colegas del partido apoyaron a Rousseff en la votación del impeachment, incluido el líder del partido en la Cámara, Leonardo Picciani”, explica el semanario británico.

Pero, probablemente, la tarea más compleja para un Temer presidente sería convencer a los brasileros que apoyan a Dilma de que su Gobierno es legítimo, que a pesar de ser una minoría, son muchos.

Michael Reid, columnista sobre América Latina para The Economist y autor “Brasil: el problemático ascenso de un poder global”, dice que el PMDB es un catch-all party, sin una agenda o ideología determinadas.

El “pemebedismo” es la cultura política dominante en Brasil, su núcleo es un “sistema de vetos” y la “posposición permanente de soluciones definitivas”, cita Reid a Marcos Nobre, un filósofo político brasilero.

El pemedebismo puede ser moderado y puede entrar en compromisos en Brasilia, pero también puede paralizar al gobierno, bloquear reformas en el gasto público y en el sistema político en general.

Reid destaca que Brasil tiene el sistema político más fragmentado del mundo, si se cuenta el número de “partidos efectivos” en un país, y no la cantidad oficial total, basado en su tamaño relativo en la legislatura.

Crisis de mediana edad de la democracia global

“Aquella noción que teníamos en los años ’90 de que la democracia no tenía competidores está haciendo agua. Los proyectos de cambio gradual de la sociedad ya no entusiasman a nadie”, advirtió Kevin Zamora.

Prospere o no el juicio político, la situación actual de Brasil es síntoma de la falta de representatividad del Gobierno y de la legitimidad del sistema de partidos.

“Si la economía anduviera bien y Rousseff no tuviera 8% de popularidad, sino un 40%, probablemente no estaríamos presenciando el impeachment”, explica Zamora.

“En general, hay una rabia brutal contra la democracia en todos los lugares. En Brasil, en Costa Rica, en Estados Unidos. El rechazo que hay a las formas tradicionales de participación política es muy fuerte. Y es algo que no hemos visto desde los años ’30. La rabia contra los partidos políticos, los congresos y los políticos tradicionales es muy fuerte y global”, advirtió el ex secretario de asuntos políticos de la OEA.

“Es como si la democracia estuviera en una crisis de mediana edad. Como si, de un momento a otro, vimos que no va a acontecer lo que esperábamos. Es como un hombre de 45 años que, de un momento a otro, ve que la vida no le va a dar todo lo que él pensó. Está casado, gordo, esperando una pensión desvalorizada y sin mucho horizonte. Y de repente el hombre se pinta el cabello de rojo, compra un convertible y se va a vivir a Cancún.”

La lenta implosión de la política brasilera

Algo está roto en la 4ta. democracia más grande del mundo, advierte el semanario estadounidense The Atlantic, que titula que estamos siendo testigos de la lenta implosión de la política brasilera.

Es que el 60% de los 594 miembros del Congreso brasilero, que tiene la decisión última sobre el impeachment, están ellos mismos enfrentando cargos o bajo investigación por crímenes que van de soborno, fraude electoral y deforestación ilegal, a secuestro y homicidio, según Transparencia Brasil, un grupo que monitorea la corrupción.

Un periodista brasilero le expresó al The New York Times que Rousseff está siendo juzgada por “una pandilla de ladrones”.

Temer, el primero en la línea para reemplazar a Rousseff si es sometida a 'impeachment', podría ser él también sometido a juicio político por las mismas maniobras en el  presupuesto que son la pesadilla de Rousseff... o peores porque hay un delator premiado que lo mencionó en un tema oscuro.

Eduardo Cunha, el que sigue en la línea de sucesión y del mismo partido político que Temer (el PMDB), está acusado de haber aceptado millones de dólares en sobornos como parte del escándalo de corrupción de Petrobras.

Le sigue Renan Calheiros, el presidente del Senado, también del PMDB y también bajo investigación por haber aceptado sobornos por Petrobras.

Es curioso que Lula da Silva, cuando articuló su sucesión, puso debajo de Dilma (PT, igual que él), 3 avezados políticos del PMDB, aliados circunstanciales. La falta de precaución de Lula es llamativa.

Para João Augusto de Castro Neves, director de América Latina de la consultora Eurasia en Washington DC, si el impeachment se confirma, será el fin de un ciclo iniciado en 1985, cuando terminó la dictadura y comenzó un período en que los 3 mayores partidos brasileros (PMDB, PSDB y PT) llegaron a la Presidencia.

“Los libros presentarán a 2016 como el año del fin de la Nueva República, pero aún no sé bien como será el comienzo de lo que venga, que tampoco se conoce”, le dijo Castro Neves a la BBC Brasil.

La lucha por el oro negro

Valeria Saccone, del portal Esglobal, plantea que mientras los medios del mundo están haciendo foco en el carnaval que fue la votación en Diputados el 17/04, están pasándose por alto la verdadera raíz del impeachment a Dilma: la lucha por el petróleo.

El 24/02, el Senado brasilero aprobó una ley que pretende cambiar las normas que regulan el mercado petrolífero. Recordemos que Brasil tiene un considerable tesoro petrolífero escondido a 7.000 metros de profundidad en las costas de Río de Janeiro, bajo 2.000 metros de sal.

“Descubiertos en 2006 y presentados al mundo en 2010, estos formidables yacimientos contendrían entre 176.000 y 300.000 millones de barriles de crudo, según distintas fuentes”, explica Saccone.

La legislación, promovida por el senador José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y probable ministro de Temer si Dilma es apartada, exonera a la petrolera estatal, Petrobras, de mantener una participación mínima del 30% en la explotación del crudo.

El texto debe pasar a la Cámara de Diputados para la 2da. votación. Para el PT y los sindicatos petrolíferos, explica Saccone, la entrada en vigor de esta ley, “equivaldría a abrir la caja de Pandora de la privatización de Petrobras, epicentro del mayor esquema de corrupción y desvío de dinero de la historia brasileña”.

Es el compromiso de Serra y otros líderes políticos con varias petroleras extranjeras la verdadera raíz del juicio político a Dilma y no el maquillaje cuentas fiscales, plantea el PT.

Pero para otros, tal como es el caso de Adriano Pires, director del Centro Brasileño de Infraestructura (CBIE), esto no es así.

“Es una tontería. Lo que hay detrás del impeachment son las irregularidades fiscales del Gobierno de Dilma y la corrupción sistémica implantada en el Ejecutivo”, le dijo Pires a Esglobal.

La apertura al capital extranjero es necesaria porque, debido a las pérdidas que tuvo en los últimos años, hoy Petrobras no está en condiciones de asumir una participación mínima del 30% en la explotación del petróleo, plantea.

“El PT ha destrozado Petrobras, que hoy acumula una de las mayores deudas del mundo y está envuelta en el mayor escándalo de corrupción de Brasil. Por primera vez en su historia, la petrolera tiene 2 años consecutivos de pérdidas. Petrobras nunca tuvo una gestión tan mala como la de los últimos 13 años de PT”, le dijo Pires a Esglobal.

Sin embargo, en las semanas previas a la votación del impeachment, en las pancartas de todas las manifestaciones progubernamentales apareció el lema “El presal es nuestro”.

“No hay dudas de que el presal está detrás del impeachment. Incluso la presidenta Rousseff lo ha citado en su discurso antes de la votación. Estamos hablando de una reserva de entre 270.000 y 300.000 millones de barriles”, aseguró Jose Maria Rangel, coordinador general de la Federação Única de Petroleiros (FUP), que congrega a 3 sindicatos nacionales.

Sin embargo, varios expertos brasileños discrepan de esta visión “nacionalista y politizada” y acogen con entusiasmo la nueva ley impulsada por el senador Serra: “La nueva legislación busca mantener la competitividad de la industria petrolera nacional en un escenario a la baja de los precios del petróleo y de las materias primas”, defendió Edmilson Moutinho dos Santos, profesor del Instituto de Energía y Ambiente de la Universidad de Sao Pulo (USP) e investigador del Research Center for Gas Innovation de la USP.

Fuente: Urgente24
Brasil se sigue hundiendo Brasil se sigue hundiendo Reviewed by Jesus Romero on 4/23/2016 Rating: 5
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