El milagro que se fue #Petróleo @humbertojaimesq #especial

La desaparecida bonanza que vivió recientemente Venezuela permitió soñar a los creativos gobernantes, quienes prometieron numerosos y millonarios proyectos muy imaginativos. 

La fortuna que ingresó a Venezuela en los últimos dos lustros de bonanza petrolera tuvo un inmenso impacto psicológico en sus gobernantes, quienes acariciaron sueños demostrativos de una sobrada imaginación.

Hace unos años, en las cadenas de radio y televisión las autoridades exhibían  una confianza suprema en  la fortuna petrolera que amasaban, en una riqueza que parecía “eterna” y cuyas bases e infraestructura nacieron en los gobiernos de la denostada IV República.

El ex presidente Hugo Chávez, por ejemplo,  solía lanzar ofertas de toda especie amparadas tanto en la alta cotización del oro negro, como  en su propia visión de la historia y del mundo.

Nos hablaba de edificar un inmenso gaseoducto suramericano desde Venezuela a Argentina,  de construir docenas de refinerías en medio planeta, de impulsar un banco del sur para financiar proyectos en la región, de multiplicar viviendas, en fin,  mencionaba millonarios proyectos  que los académicos no dudaron en tildar de “faraónicos” e “irrealizables”.

Pues bien, muchos de esos proyectos nunca se materializaron, debido a sus costos y a que implicaban enormes sacrificios para países con menor disposición de dólares que Venezuela.

Todo ese abanico de ofertas “faraónicas” no fueron producto del azar, sino de un poderoso síndrome que el dramaturgo José Ignacio Cabrujas denominó “la cultura del milagro”, en esa entrevista  extraordinaria que ha pasado a la posteridad: El Estado del disimulo (1987).

Según Cabrujas “el petróleo es fantástico y por lo tanto induce a la ilusión de un milagro. Creó en la práctica la “cultura del milagro”.

Quizás un milagro de estilo bíblico. Algo así como  “Háganse los gasoductos, háganse las refinerías, háganse las viviendas, hágase la felicidad suprema…”

El dramaturgo recuerda que cuando el petróleo sustituyó a la agricultura como actividad económica, hecho acaecido a principios del siglo XX, se produjo un cambio radical en el comportamiento del Estado (y de los venezolanos): “El Estado adquirió rápidamente un matiz ‘providencial’. Pasó de un desarrollo lento, tan lento como todo lo que tiene que ver con agricultura, a un desarrollo ‘milagroso’ y espectacular”.

Pues bien, estas refinerías y estas viviendas multiplicadas como los panes de Cristo, estos proyectos que parecían fantásticos, no pasaron de ser sonoras expresiones del poder milagroso asociado a la fortuna petrolera.

Aquí volvió a suceder lo que se vivió durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) y los inolvidables años de la “Gran Venezuela”, cuando la bonanza amplió las fronteras de la imaginación. Pérez regaló el barco Sierra Nevada a Bolivia, un país que no tenía ni tiene mar.

Pero desde hace unos meses ha caído estrepitosamente el precio del petróleo, ya no hay dinero a borbotones. A duras penas hay dólares para importar papel higiénico. Se secó la imaginación, se fue el milagro.

Humberto Jaimes Q
@humbertojaimesq
El milagro que se fue #Petróleo @humbertojaimesq #especial El milagro que se fue #Petróleo @humbertojaimesq #especial Reviewed by Luis Gomes on 3/05/2016 Rating: 5
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