El laberinto venezolano

Jorge Zalamea, en El sueño de las escalinatas dijo: “Venezuela la rica, la riquísima, la mil veces rica, —inesperado centro de musicalia, sede de la más audaz arquitectura, lonja de artistas, mecenas estrellado (¡oh antifaz, oh irrisión!), de Venezuela humeante de petróleo, husmeante de pan, azul de hierro, centelleante de brillantes”.

Gracias al petróleo, Venezuela  era un país riquísimo pero, ahora, según la prensa, no hay alimentos, ni medicinas, ni pañales y hay descontento general, al punto de que el 17 de julio, más 120.000 venezolanos desesperados ingresaron a Cúcuta para buscar alimentos, medicinas y otros productos. Nadie hace 20 años hubiera pronosticado un desplome económico tan brutal, en un país  tan rico.

Esta debacle es producto de la implantación que hizo el chavismo de un curioso sancocho político que incluye: el “Cesarismo Democrático” de Vallenilla Lanz, algo de la ideología neonazi de Ceresole, una pizca de castrismo, algunas frases de Bolívar y uno que otro postulado de Marx: La prueba de esto último es que el partido gobernante, PSUV, en sus estatutos dice la siguiente “perla”: el socialismo se implantará “con los ideales bolivarianos marxista-leninistas (sic) de Bolívar el Libertador”, un disparate, pues Bolívar murió en 1830 y el Manifiesto Comunista salió en 1848.

Otro dato curioso: Marx tenía muy mala opinión de Bolívar. La prueba es que entre diciembre de 1857 y enero de 1858, escribió una entrada biográfica de Bolívar para la New American Cyclopaedia, en la que lo describió como cobarde, tirano y resentido, y lo comparó con el extravagante Faustin Elie Souluque, quien se erigió a sí mismo como emperador de Haití entre 1849 y 1859. El resultado de la intrepidez de implantar este galimatías ideológico ha sido que Venezuela vive un caos tremendo. Hasta ahora el chavismo ha tenido mucha suerte para perpetuarse en el poder, ya que sus líderes han sido intrépidos y temerarios. Pero todo tiene un límite.

Maquiavelo decía que en la política había hombres temerarios y hombres cautelosos. Los cautelosos desaprovechan las oportunidades y las dejan escapar y los temerarios, de puro serlo, no reconocen límites a sus pretensiones. Cuando se levanta un límite se despedazan contra él, como le ha sucedido a Maduro con la sociedad civil venezolana.

Claro que el carácter de los hombres es solo la mitad de la historia, la otra mitad es la fortuna: el voluble giro de los tiempos, hay así tiempos para osados y tiempos para cautelosos. Si los líderes mudaran su carácter según el tiempo dominante, siempre prevalecerían, cosa que no ocurre en este caso. En fin, creo que imitando al Bolívar del “General en su laberinto”, de GGM, los venezolanos, abrumados, deben estar diciendo: “Cómo saldremos de este  laberinto”.

Fuente:

CARLOS GUSTAVO MÉNDEZ*
http://www.eluniversal.com.co/opinion/columna/el-laberinto-venezolano-10957
El laberinto venezolano El laberinto venezolano Reviewed by Jesus Romero on 7/24/2016 Rating: 5
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